Os cuento la historia de mis gatitos:
" Todos los sábados mi pareja y yo vamos
al campo y allí siempre me suelo encontrar gatos con los que al final,
aunque no quiera me encariño. Me encantaría salvar y poder haber
salvado a todos, pero es muy difícil, así que lo menos que puedo hacer es
darles comida y cariño cuando voy.
Entre estos gatos, hará más o menos 4 años, se encontraba una gata negra que se había quedado embarazada y era bastante arisca.
Un
domingo, alrededor de las 11 de la mañana la vi que estaba sentada bajo
un árbol y me extrañó que no viniera a los avisos que suelo darle a los
gatos para ponerles comida. Supuse que iba a tener a sus gatitos de un
momento a otro, pero mi sorpresa fue cuando empecé a escuchar unos
pequeños chillidos. Estos provenian de un peral, a
dos metros de distancia de esta gata,eran tres lindos gatitos de horas de
vida que pedían leche a su madre. Estaban limpios por ella y supusimos
que habían recibido el calostro.
Lo
primero que me extrañó es que la madre no se acercara para darles de
comer cuando ellos lo estaban pidiendo a maullidos y lo segundo, que
nos dejara incluso acariciar a sus recién nacidos. La observé y me
percaté que no quería menearse de donde se encontraba sentada y que
estaba intentando expulsar una especie de saco ensangrentado.
Pasaron
las horas y los gatitos seguían sin alimentarse y su madre seguía
intentando expulsar esa especie de saco. Como no sabíamos qué hacer
llamamos a mi veterinaria y nos comentó que es muy extraño que la madre
no alimentara a sus hijos y que ni se inmutara cuando nosotros nos
acercábamos a estos, que cuando suele pasar esto es porque o la madre
se siente enferma y no se ve capaz de cuidar a sus crías o porque la
madre sabe que sus cachorros están enfermos y no van a sobrevivir. En
referencia al saco, nos comentó que podía ser un cuarto gatito, ya
muerto o restos de placenta que no podía expulsar el animalito.
Ante
lo que nos dijo, pensamos que no podíamos dejar a esas criaturas allí,
pero claro, la veterinaria no podía hacerse cargo de unos recién
nacidos pero sí podía cuando cumplieran 3 meses ayudarnos a
encontrarles unos dueños. Así que cogimos a los gatitos para llevarlos
a mi casa aún sabiendo que mis padres no aceptarían.
Eran
las 8 de la tarde y la madre aún no se había acercado a alimentar a sus
gatitos y seguía intentando expulsar dicho saco, no podíamos hacer
nada, ya que era una gata que no se dejaba acariciar. Llevaba casi 8
horas en la misma situación, así que sin pensarlo nos decidimos a
salvar al menos a sus cachorros.
Cortamos
por la mitad una botella
de cinco litros de agua y la rellenamos de periódico y papel de cocina,
pusimos a los gatitos dentro y los escondimos en una mochila, al
no tener coche hacemos el trayecto en autobús hacia nuestras casas y
estos no dejan entrar a animales, así que teníamos que esconderlos y
cruzar los dedos para que no maullaran durante el camino.
Al irnos nos despedimos de su madre por si nunca más la volvíamos a ver, así que le mandamos un beso en el aire.Al volver a los días ya no había rastro de ella, por lo que supusimos que había fallecido ¡POBRECITA!
Al
subir al autobús sólo pensábamos que no se despertaran por si el
conductor se daba cuenta y nos echaba, pero estaban tan calentitos que
ni rechistaron.
Cuando llegamos a mi casa los encerré en mi cuarto,
les improvisé una casa y se los enseñé a todos menos a mi padre, el
cual, con el tiempo supo que en mi cuarto habían 3 gatitos encerrados que con el tiempo fueron amigos suyos.
Al
principio no pensábamos quedarnoslos pero al final mis padres cedieron
¡Gracias papás! yo me quedé con uno y dos de mis hermanas otros dos, se
ven muy a menudo y creo que son felices.