¿Leisteis ayer el reportaje sobre TURCO, un perro al que le rajaron el cuello para arrancarle el chip y abandonaron?
Fué publicado en el magazine que dan con el periódico, XLSemanal.
pulsa_aquí EL OTRO HÉROE DE HAITÍ
`Turco´, un perro abandonado
Gracias a `Turco´, los bomberos de Valladolid rescataron a Redjeson Hausteen
Claude, de dos años. El pequeño haitiano llevaba dos días bajo los
escombros.Abandonado por su dueño en Tarifa, este labrador estaba al borde de la muerte
cuando fue recogido por unos militares. En unos meses pasó de ser un
vagabundo a convertirse en el orgullo de un cuerpo de bomberos. Acaba
de regresar de Haití, graduado tras salvar 18 vidas.
`Turco´ es un perro andaluz y su historia comienza, como la película de Dalí y Buñuel, con una navaja bien afilada.
En su caso, el tajo fue en el cuello. Sus dueños le
extrajeron así el microchip, una práctica muy habitual entre los
propietarios de los 150.000 perros que se abandonan en España cada año,
tantos como víctimas humanas en el terremoto de Haití. Sin chip, no hay
denuncia. El animal pierde su identidad y, casi siempre, perderá la
vida. `Turco´, un labrador jovencito, quizá un regalo de Reyes,
vagabundeó no se sabe cuánto tiempo por las afueras de Tarifa, en pleno
verano de 2008, y acabó en un campo de maniobras. Lo recogieron unos
militares que hacían ejercicios de tiro, muerto de sed, hecho un saco
de huesos, lleno de pulgas y parásitos. Y con un pedruscazo en el
hocico que todavía supuraba, cortesía de otro `amante´ de los animales.
Turco estaba tan traumatizado que olvidó cómo se ladraba, como un niño
que enmudece por los malos tratos. Un año después de su odisea, el
perro seguía sin poder articular un guau.
CONTINUA
Así fue como Turco se cruzó en la vida de Cristina Plaza
Jorge, una soldado profesional de 22 años, vallisoletana, destinada en
Ceuta. «Me llamaron los compañeros que lo habían rescatado. Sabían que
me estaba costando adaptarme, que me sentía sola y le había dicho a
todo el mundo que quería un perro. Me mandaron una foto por el móvil.
Parecía pequeñito, aunque resultó ser un grandullón. Y estaba
flaquísimo. Me enamoré. Crucé el Estrecho en el ferry, me fui a ver al
veterinario de Algeciras donde lo habían dejado y me lo llevé a casa.»
`Turco´ se recuperó de sus heridas gracias a los mimos de
Cristina. Y recobró la alegría, pues la nobleza nunca la perdió. «Es el
perro más juguetón del mundo. Incansable. Lo que más le gusta es correr
por la playa. Le puedes tirar un palito cien veces, que cien veces irá
a por él y te lo traerá.» Vivieron juntos ocho meses felices. Ganó
peso, aunque seguía sin ladrar. Una mañana cayó una tromba de agua: 160
litros por metro cuadrado. Y la casa de alquiler de Cristina, una
planta baja, se inundó de tal modo que era inhabitable. «Rezumaba tanta
humedad que tuve que volver al cuartel. Como allí no podía tenerlo, lo
llevé a casa de mi madre en Castronuevo de Esgueva, un pueblo de
Valladolid.» Allí, Turco conoció la nieve. Pero el destino le tenía
reservada una nueva sorpresa. El perro rescatado de la muerte por unos
soldados de buen corazón iba a tener ocasión de demostrar su
generosidad y devolver el favor. Con creces.