
El sexo es el
eje de la vida de los gatos, como lo es en el resto del reino animal. El mayor conocimiento científico sobre los seres vivos en la actualidad arroja luz sobre el significado de la sexualidad en estos felinos y en el resto de animales, por supuesto incluyendo los seres humanos.
El sexo no es, ni mucho menos, únicamente la reproducción. Cumple un papel imprescindible en la formación de
vínculos sociales y afectivos que ayuda a que los miembros de una misma especie estén más
unidos y gracias a ello puedan
adaptarse mejor al medio, mejorando así sus expectativas vitales y favoreciendo la superviviencia y la
evolución, en último término.
La
sexualidad, la
posición social y la
territorialidad están muy unidas en el mundo gatuno. Entre los machos el sexo es una idea fija y permanente y la posibilidad de aparearse les puede hacer descuidar sus posesiones y cualquier otra prioridad, mientras que las hembras tienen cambios de personalidad y de rutinas durante los cambios hormonales. Éstas entran en celo dos o tres veces al año, durando el ciclo de dos a cuatro dias con pausas de dos semanas. Al contrario que sus congéneres macho, que están disponibles para el apareamiento absolutamente
todos los días del año.
El cortejo y la cópula
Una gata en celo suele ser fácil de detectar: se muestran
afectuosas y atentas con sus dueños, a los que
frotarán sutil, pero ansiosamente, con su cuerpo;
se revuelcan en el suelo y
maúllan lastimeramente durante casi todo el día, crispando los nervios de sus dueños en algunos casos. Lo que crispa a unos, atrae a otros. Los gatos macho acudirán a la llamada de las hembras comenzando así el acto del cortejo que precederá a la cópula.
La hembra
escupirá y arañará incansablemente a su pretendiente poniendo a prueba su paciencia para después tumbarse en el suelo y
ronronear. Esto no debe hacer bajar la guardia a los machos, pues en cuanto éste se acerque a la seductora hembra, ésta le rechazará, con la intención de jugar y hacerse querer. Finalmente la hembra se entrega y se realiza la corta cópula de 20 segundos. Los gatos pueden tener parejas permanentes o ser polígamos, según el ejemplar, por lo que no debe descartarse que la hembra pueda ser montada por varios machos y tener una camada de diferentes padres.
La diversidad sexual
La
homosexualidad y la bisexualidad en los gatos, al igual que en el resto de animales, es mucho más
común de lo que se haya podido pensar. Es frecuente encontrar a gatos macho (y hembras) montándose, siendo algunas de estas parejas permanentes, al igual que en los gatos de tendencia heterosexual. Cuando dos gatos macho viven en la misma casa puede ocurrir que uno de ellos muestre tendencia homosexual (haciendo piruetas llamando su atención, seguirlo a todas partes, hacer intentos de cortejo y cópula...) y el otro no. Al igual que puede ocurrir que convivan dos gatos de diferente sexo y uno de ellos muestre orientación homosexual, dejando al heterosexual exhausto de intentar llamar la atención de su indiferente compañero.
Cuando los gatos viven en el medio natural, de forma salvaje, no ocurren estos ''mal de amores'' ya que hay infinidad de gatos que pueden encontrar para relacionarse, y no solo su compañero de hogar, que puede tener unos intereses sexuales distintos. Hay una cosa en común entre todos los gatos sin importar su condición sexual ni si son machos o hembras: pueden estar
'enamorados' del mismo gato durante años, o incluso
toda la vida.
La maternidad
Éste es un momento muy entrañable y nos destapa una faceta inédita de nuestra minina hembra. La gata mostrará a su dueño
más afecto durante la etapa de preñez, que dura
9 semanas, y será más
hogareña y tranquila. Dos semanas antes del parto entra en una nueva fase de inquietud y examina los rincones de la casa en busca de un escondite para dar a luz. Llegado el momento del parto el dueño ha de estar presente guardando las distancias para no alterar a la nueva madre. El parto quizá sea largo y laborioso pero ella sabrá arreglarselas sola, sin la intervención del dueño.
Se debe permanecer a una
distancia prudencial de ellas inmediatamente después de que nazcan las crias, pues puede volverse agresiva intentando protegerlas y hacerles daño sin querer. Dejarle libre albedrio y libertad de movimiento en esos momentos es importante porque su instinto de supervivencia la llevará a mudarse a otro rincón unas cuantas veces. Esto lo hacen para proteger a sus retoños de un posible depredador que le alertara el olor a la placenta y la sangre. Es obvio que en una casa no corre ningún peligro de ese tipo, pero aún así se le debe permitir actuar conforme a su naturaleza.
Fuentes: Comprender a tu gato. Editorial Oceano Ambar
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» Barcelona, España y tengo 27 años
» Fecha: 04/02/2012 - 15:35
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» Venezuela y tengo 42 años
» Fecha: 23/04/2012 - 02:18