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10 lecciones de vida que podemos aprender de los perros

Hay gente a la que escucho decir: “No me gustan los perros”. Y yo siempre les respondo: “Pues eso es porque no tienes ni idea de cómo son”. Y es la verdad. De un animal tan puro que desconoce el rencor, el odio, el orgullo… podemos aprender multitud de cosas, y es que nuestro perro nos enseña diariamente lecciones que muchas veces pasan desapercibidas y no valoramos. Nos centramos en enseñarle esto y lo otro, y nos cerramos nosotros en banda a la hora de aprender de ellos.

Cosas que puedes aprender de un perro


@yoshithecavalier

 

 Estas son las 10 cosas que podemos aprender de los perros (si dejamos que nos enseñen):

- A demostrar cuánto nos importa una persona. Ya puedes salir por la puerta y no volver en 4 horas o en 4 segundos. El recibimiento será increíble. Cuando tu perro te ve se pone loco de alegría, demuestra cuánto te ha echado de menos, lo que se alegra de verte y cómo te quiere. ¿Por qué a nosotros nos cuesta tanto expresar nuestros sentimientos? Una lección muy importante que debemos aprender, porque nunca sabremos cuándo será la última vez que veremos a esa persona. Por eso, y por muchas razones más, vale la pena abrir nuestros corazones.

- A respetar lo sagradas que son las siestas. Cuando tu perro se echa esas siestas de campeonato, las disfruta como nadie. Encuentra tu momento en el día para que la siesta (dicen que la perfecta es de exactamente 26 minutos) sea tu bálsamo de relax y de recargar pilas. ¡Y qué mejor que hacerlo con tu compañero perruno!

- A no dejar nunca de ser niñ@. Si hay alguien que te puede enseñar a ser niñ@, ese es tu perro. Un perro, tenga la edad que tenga, nunca pierde esa capacidad de juego y de diversión. Saca tu lado de niñ@ siempre que puedas, no lo pierdas nunca, y juega. Tírate por el suelo, revuélcate con tu perro, ríete y disfruta de esos momentos, ¡no los pierdas nunca!

- A disfrutar del placer del comer. Para un perro, comer es uno de los placeres más grandes que existen. Tanto para el desayuno, como para la comida, como para la cena, disfruta sin prisas de la experiencia. Aparca el estrés, instaura como norma que la comida sea un tiempo para disfrutar y saboréala.

- A disfrutar del aire libre. Los humanos hemos perdido esa capacidad de disfrutar del aire libre, de la naturaleza y de todo lo que la compone. Del trabajo a casa y de casa al trabajo, ¿en eso va a consistir tu vida? Aunque vivas en la ciudad, busca las zonas verdes y escápate cuando puedas al campo. Respira el aire más puro, disfruta de sus sonidos, de sus aromas y de su flora y fauna. No necesitas apuntarte a clases de yoga o meditación. Tú mism@ puedes crear la atmósfera perfecta para ello.

- A simplificar las cosas. Las cosas son cosas. Y ya. Por eso, si tu perro rompe o destroza algo, no te enerves. Es un simple objeto. Regáñale, por supuesto, pero es un objeto. Tu perro es un ser vivo que no hace las cosas con maldad. Entonces, en tu vida, aprende a cuidar más a los tuyos y a no preocuparte tanto por cosas materiales, que siempre (o casi siempre) se puedes reponer. Tu perro, las personas, son únicas. Cuídalas.

- A utilizar la violencia como último recurso. No seas violent@. Tu perro, antes de morder, siempre gruñe. Habla las cosas, comunícate, explícate, pero jamás reacciones de mala manera. ¡Con la violencia no se llega a ningún sitio! Un perro solo morderá cuando ya no le quede más remedio. Es la última opción.

- A sentarse y a escuchar. Tu perro lo hace. Tu perro sabe cuándo estás mal, se acerca a ti, se sienta a tu lado y te mira. Cada vez perdemos más la capacidad de escuchar. La vida va tan deprisa que ignoramos sin querer a la persona que tenemos al lado. Siéntate y escúchala.

- A ser leal. ¿A cuánta gente leal conoces? La lealtad brilla por su ausencia y, sin embargo, tu perro siempre estará ahí: estés eufóric@ o estés deprimid@, estés san@ o enferm@, estés content@ o enfadad@, seas el/la más ric@ o el/la más pobre, vivas en una mansión o en la calle… Ahí estará siempre tu perro. A tu lado.

- A vivir el momento. Tu perro lo hace. ¡Por eso es feliz! No vive arrastrando problemas del pasado, ni vive intranquilo por lo que pasará en el futuro. El perro vive el presente, el aquí y el ahora. ¡Practica el Carpe Diem!¡Sé más perro! Enseña a tu perro educación, normas, etc., pero no dejes pasar la oportunidad de aprender también tú de él. Porque no hay mejor maestro de vida, que tu peludo. ¡Garantizado!

Sandra Ferrer. Creadora del Programa de Educación Canino “Cómo Educar a un Cachorro”

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