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Anécdotas de adiestramiento canino


Escribo de nuevo con algunas historias más sobre el adiestramiento canino, sobre personas que tienen problemas en el correcto entrenamiento de sus perros pero gracias a mis guías y libros consiguen educarlos hasta conseguir el mejor comportamiento que podrían desear.

Unas semanas atrás me escribió una mujer que tenía un perro mestizo. Lo había adoptado hacía poco, y tras unos días en que pareció muy asustado y tímida el animalito se convirtió en toda una fiera: destrozaba los muebles, gruñía a quien se acercara a su comida, ladraba mucho y se asustaba por todo...Ella temía tener que devolver al perro, del que se estaba encariñando, si no conseguía controlarlo.

Mi primera pregunta fue si lo había acariciado y mimado mucho a la llegada. Como suponía ella dijo que sí. Le había dado mucha lástima su miedo y lo había acunado y mimado, le había dado todo tipo de caricias y chucherías. Con eso, le dije, sólo había enardecido su actitud: le había estado diciendo que naturalmente debía tener miedo, así que su actitud se volvió más reservada y temerosa. A la llegada de un perro nuevo a casa hay que dejar que vaya a su aire, que explore su nuevo entorno, y cuando esté asustado no debemos ir y acariciarlo y hablarle como a un niño que se ha pelado las rodillas, sino que debemos recompensarlo cuando esté tranquilo, que sepa que esa es la actitud correcta.

Mi recomendación fue comenzar a revertir esa actitud. Dejar de ceder y permitir que subiera al sofá, no amedrentarse cuando gruñera y no hacerle caso cuando ladrara, y en cambio recompensarlo al quedarse en silencio. Le recomendé suscribirse a mis consejos de adiestramiento canino, donde encontraría algunos consejos más, pero también le dije que lo mejor era dar un buen adiestramiento canino en base a ejercicio, disciplina y amor, siendo consecuentes, firmes y sin ceder a las demandas de su perro. Al poco tiempo me escribió dándome las gracias: comenzaba a funcionar.

Como veis, el adiestramiento canino está lleno de matices, de historias personales, de problemas y también de soluciones. Educar a un perro es lo mejor que podemos hacer por él: enseñarle cómo comportarse en nuestra sociedad, para que sea más querido y apreciado de lo que ya es.

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Marcos Mendoza
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