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Postureo y falta de sensibilidad en las Intervenciones Asistidas con Animales

Hemos terminado este año escolar y las sensaciones que he tenido a lo largo de todo el curso han sido excepcionales.

He conseguido hitos que para mí eran simplemente inalcanzables hace unos años, no imposibles, pero sí lejanos, y he podido compartirlos con personas a las que quiero y admiro y con las que sin ellas, no habría tenido la oportunidad de vivir muchos de esos momentos.

Mi sensibilidad es enorme cuando me refiero a las Intervenciones Asistidas con Animales, por todo lo que mueven, por lo que me aportan a mí, a mis chicas peludas, a los usuarios y a todas las personas que estamos detrás de cada programa, patrocinadores, responsables de proyecto, etc., etc., etc..

Y soy consciente de que hay que dar visibilidad a este tipo de terapia y educación, y también soy consciente de que no todo el mundo tiene la sensibilidad con la que la gran mayoría de profesionales, técnicos y expertos en IAA (Intervenciones Asistidas con Animales) contamos, o al menos se nos presupone, pero a veces la falta de empatía, de tacto y de educación llega a ser hiriente.

Han pasado varios días ya, alguna semana incluso, y se me sigue haciendo un nudo recordar algunos momentos de una sesión que tenía todos los ingredientes para ser inolvidable… Y lo fue, para bien, con borrón incluido, pero lo fue.

Lo que ocurrió

Estando en una sesión programada únicamente para que alguna personalidad saliera en la foto y pudiera contar a los medios lo que allí hacemos, alguien, que presupongo del equipo político de quien venía a dar su discurso, por tres veces se acercó a mí para decirme que “esta perra es muy fea”, “esta mira que es feita la pobre”, y “esta perra no viste, los otros perros son más bonitos”. Por tres veces la esquivé sin querer reconocer su cara, con frases como “vaya Sasha, que cosas más feas te están diciendo” o “lo bueno que tienen los perros es que no se fijan en esas cosas” porque, además de estar haciendo nosotras nuestro trabajo, estaban delante unos usuarios ingresados en oncología infantil, con edades en las que bien podrían pensar que estaban también siendo juzgados por su aspecto físico actual.

La reacción de los asistentes

Comunicado el incidente al equipo y la coordinadora, sin poder determinar (la verdad, afortunadamente) quién había tenido tan poco tacto y tan poca sensibilidad, corrió la voz entre el personal y los periodistas que allí estaban.

De repente, todos comenzaron a pedir que “la pera fea” fuera el centro de todas las cámaras y los flashes. Lo que había ocurrido era un disparate y todo el mundo se volcó sin reparos en revertir una situación que había sido insólita.

El desenlace

Pasados unos días y con la publicación en los medios del evento, medio sesión medio escaparate, mi chica peluda únicamente apareció en un medio, en una foto.

No tenemos ningún afán de protagonismo, el hecho de estar allí, pasar un buen rato con los niños y hacer lo que más nos gusta hacer, sacar una sonrisa, es la mayor recompensa que podemos pedir. simplemente resulta curioso y hasta inquietante que en la foto “la perra fea” no quede bien, y se la quite.

Lo que esta mujer no entendió

Tener que explicarle a un adulto esto, me frustra un poco, pero allá va.

Nosotros no vamos allí porque los perros, o nosotros mismos, quedemos bien o mal en una foto. Vamos allí porque el trabajo que hacemos con los niños (en este caso) resulta fundamental y un apoyo para los médicos y terapeutas importante, para afrontar la situación tan complicada en la que se encuentran.

Jamás juzgamos a nadie por su aspecto físico, algo que hemos aprendido muy bien de los animales, y es además en gran medida precisamente por esto por lo que las terapias o la educación con ellos es diferente, relajada y efectiva.

Juzgar a la ligera, por tres veces, el aspecto físico de la perra y hacerlo delante de niños que necesitan llevar mascarilla, que por los fármacos han tenido que perder el pelo, que no pueden moverse con facilidad porque les falta algún miembro o porque sus fuerzas no se lo permiten, es cruel.

Nosotros tratamos a las personas, y no les envolvemos de su enfermedad, ni nos preocupa si salen bien o mal en una foto.

Al margen de su belleza, el trabajo que hay detrás de “una cara fea”, las horas de entrenamiento, los desplazamientos, sus emociones y necesidades, y en este caso el rescate de una perra que fue abandonada en una protectora, que además no para de mover el rabo y cuanta más gente, más lo mueve, es como mínimo digno de autocontrol verbal cuando no se conoce.

Y por supuesto… mi perra es maravillosa por dentro y por fuera, y a las pruebas me remito. Pero aunque no lo fuera, ese desprecio no es fácil de digerir y me alegro de no haber querido mirar a la protagonista de esta historia para no tener que saber quién nos lo hizo a mi perra y a mí.

Lo que de verdad importa

Conseguimos reponernos a tanta estupiez y pasamos, como siempre, un buen rato con tres niños que adoran a los perros, que nos contaron historias de sus propios perros que les estaban esperando para cuando volvieran a casa, que pudieron tocarlos, hacer algún truco con ellos y pasar un rato discendido con una sonrisa de oreja a oreja.

Todo lo demás,una anécdota como cualquier otra, un poco salida de tono, eso sí, pero anécdota al fin y al cabo.

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