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Crónica sobre los cinco cachorritos de Cojimar (colaboración)


Esta colaboración es del amigo Dariel, un protector a quien vale la pena publicarle esta crónica sobre un caso tremendamente sensible y que ilustra en buena medida ese sentimiento altruista y de buena voluntad que engalana y hace honorable a una gran parte de los cubanos en este país. Elsie

Por Dariel González

El sábado 25 del mes en curso, respondí a una llamada de auxilio de la Empresa Pesca Caribe, antigua tiburonera, del municipio Cojimar, comentándonos la crítica salud de cinco perritos bebes, que su mama había abandonado por estar enferma. Elisa Torres es la persona que los atendíó (la que se comunicó con nosotros) pero tenía que viajar y no podía seguir ocupándose de ellos. Sin pensarlo, empecé a coordinar con las protectoras conocidas y dos de ellas respondieron, aceptando dos bebes una, y la otra uno.

Este lunes, a primera hora, mi esposa y yo partimos al rescate. Luego del drama diario del transporte, llegamos al lugar donde se encontraban los desdichados bebes. Desde que le preguntamos al custodio de la puerta por la compañera Elisa, nos comenzaron a tratar de maravillas, ya toda la empresa nos estaba esperando. La situación de esos animalitos era infrahumana y hasta el corazón más duro se hubiera sensibilizado con tan triste panorama.

Esos pobres perritos de un mes de nacido estaban bajo un tanque de agua con salidero que los mantenía mojados constantemente, pero era el único sitio donde podían estar. Todos los trabajadores del recinto les llevaban comida y de una forma u otra los iban cuidando. La compañera Elisa que era la que más se ocupaba de ellos y la que contactó con nosotros, nos explicó cómo ella día a día se levantaba en su casa una hora antes para prepararles sopa y alguna que otra cosa que pudiera resolver o que le sobrara de la noche anterior. También nos contó y enseñó fotos (difíciles de creer) de cómo un pollo de la casa que colinda con el emplazamiento, se metía dentro de la caja donde dormían los bebes, se acostaba encima de ellos y habría las alas para darles calor, me mostró esas fotos tomadas con su móvil y quedé realmente capturado por la escena, escapada de una película de Disney, y fue entonces cuando me prometí que me encargaría de darle el final feliz que siempre nos hace saltar las lágrimas de emoción.

En el proceso de recoger los cachorros dentro de una caja para transportarlos, llegaron unos compañeros de la empresa Pesca Villa, Sergio Fernández, especialista en el cultivo de peces y Faustino Cruz, chofer de dicha empresa, a los cuales, considero necesario mencionar ya que fueron piezas claves por su buena voluntad y gran corazón, y a los cuales quiero hacerles llegar mis más sinceros agradecimientos por ayudarnos en nuestro peregrinaje.

Elsie fue la primera entusiasta protectora en aceptar dos bebes y por el camino Iliana, otra amiga de los animales, se comprometió con otro. En casa de la amiga Elsie se respira amor por los animales y un compromiso y pasión por ellos, escasos ya en nuestra sociedad.

Mi amigo Alberto me estaba esperando en la Quinta de los Molinos para hacer un receso, conversar, tomarle fotos a los bebes y trazar una estrategia a seguir.

Luego de volver a llamar a todos los lugares que ya se habían negado con anterioridad y aún continuaban con la misma negativa, alguien me hace una sugerencia, que juega con el amor a nombre de la buena fe y se nutre de las desgracias y los buenos sentimientos de la humanidad. ¿Por qué? Porque ese individuo, a cambio de hacerse cargo de dos cachorritos, se brindó a darles un techo temporalmente por cinco cuc diarios, más la comida y los medicamentos para atenderlos. Mi única reacción fue de indignación y rabia, ¿Cómo pueden existir personas así, que se aprovechen de estos momentos, para bajo el falso cartel de amantes de los animales sacar provecho económico de ese tipo de situaciones?

Eso da una medida de lo enferma que esta ésta sociedad moderna que ha cambiado los sentimientos por dinero. Mencionó una vez Gandhi que “un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a los animales”, eso a nosotros como sociedad nos plantea miles de preguntas, pero yo solo las reduciré a unas pocas. ¿Es esta sociedad, así corrupta, manchada y materialista la que queremos para nuestros hijos? ¿Dentro de 30 años alguien escribirá una crónica así y en vez de los cinco cachorritos de protagonistas, serán nuestros ancianos a los que abandonaremos bajo un tanque de agua? ¿Y será por ellos que nos quieran cobrar dinero por aceptarlos en una situación de vida o muerte una noche? Yo personalmente, prefiero que si el futuro depara algo así, no llegar a verlo. Ahora por amigos que día a día luchamos por lo mismo, me entero que en nuestra ciudad cada vez es más frecuente encontrar personas sin escrúpulos que están lucrando, o por lo menos tratando, con “negocios” de ese corte.

Pero me prometí que le daría un final feliz a esta historia y así pasó. Desilusionado y con la caja con los perritos bajo el brazo, nos dirigimos a la Clínica de las Aves, donde es bien conocido que su personal además de ser sobresaliente en el ámbito profesional, está lleno de personas de buen corazón. Y ahí nos encontramos con médicos como el Doctor Leysan Cepero, su esposa Nana, también doctora, y dos estudiantes de veterinaria, que cual de todos más humanos y bondadosos, a los cuales tanto yo como cualquier persona que haya tenido el placer de visitar ese lugar y los animales que atienden a diario, les estamos más que agradecidos por existir y hacerlo con tanto amor como lo hacen a diario.

El alumno Yohany, sin importarle la distancia donde reside, ni que comparte el cuarto de su residencia estudiantil con más personas, ni pasarle por la mente el gasto que supone para un estudiante de provincia, sin ningún tipo de remuneración económica, solo la ayuda que recibe de sus familiares, se brindó a llevárselos por unos días, en cuánto escucho la tristísima historia por la que esos perritos bebes estaban transitando.

Gracias a otras personas, dos de esos perritos, ya tienen hogar con familias que los están cuidando y dándole el amor que desde que abrieron sus delicados ojitos no conocían y los otros tres que quedan en una casa de tránsito, están esperando correr la misma suerte que sus hermanitos.

Porque por suerte para la sociedad cubana, a pesar de existir personas como esos desamorados que cobran por auxiliar a los necesitados (tarea incompleta, ya que donde se cambian besos por dinero, falta el tan necesario amor),todavía quedan personas, como la señora que reportó el caso de esos bebes, o como los compañeros de pesca villa, los cuales no les importó atrasarse en llegar a sus casa, o como la compañera Elsie, la cual a pesar de tener tantos animales ya en su casa, le abrió su corazón una vez más a una causa justa, o Iliana que también recogió uno sin poner un pero, o los doctores y alumnos de la clínica antes mencionada, a todos los involucrados en esta historia de amor, quiero darles las gracias y exhortarlos a que sigan siendo así. Sin embargo para el ciudadano que quería cobrar por amor, quiero recordar como el apóstol cuando escribió la Rosa Blanca y darle las gracias también por enseñar las espinas de las rosas, mostrándonos ese comportamiento dañino que debemos tratar de erradicar de nuestra sociedad.

Fuente: este post proviene de Elsatocubano, donde puedes consultar el contenido original.
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