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El refuerzo positivo

Conocemos como refuerzo al procedimiento que aumenta de posibilidades de que una conducta se repita, bajo la aplicación de un estímulo.
Podemos encontrarnos con dos tipos de refuerzos, el positivo y el negativo. Nada tienen que ver con algo bueno o algo malo, como cabría pensar por sus nombres, sino que hablamos en cualquier caso de procedimientos diferentes para aumentar, como ya he comentado antes, que la conducta que queremos en nuestros perros, se repita.

Refuerzo positivo: La manera de aumentar la conducta deseada es ofreciendo un premio al realizarla. Por ejemplo: como te has sentado, has recibido un trozo de comida.

Refuerzo negativo: Se aumenta la conducta deseada eliminando algo que al perro no le gusta. Por ejemplo: como has tragado la pastilla, has dejado de sentir el sabor amargo en la boca.
Hay muchos tipos de reforzadores y no únicamente la comida, como con frecuencia se utiliza en exclusiva para el entrenamiento. Hay muchas personas que se desesperan porque a su perro no le entusiasma la comida, por más trucos y alimentos diferentes que prueben, y determinan entonces que no hay forma eficaz de enseñar al perro. ¡Nada más lejos de la realidad! Es bueno que el perro tenga diferentes reforzadores que se pueden combinar para distintas situaciones y ejercicios. Por ejemplo, yo puedo estar entrenando a un perro al que le chiflan las salchichas y con este reforzador puedo enseñarle trucos nuevos o nuevos comportamientos, pero cuando me presento en la entrada de un campo enorme y le pido que se siente para dejarle correr a su aire, darle un trozo de salchicha cuando se ha sentado, no le refuerza en absoluto… ¡lo que le refuerza es dejarle libre! Es más, puede que ni me llegue a coger la salchicha si su emoción está completamente puesta en salir a correr.

Los reforzadores pueden ser muy variados, dependiendo de las preferencias del perro. Como siempre en estos casos, hay que saber los gustos y las preferencias que tiene el perro con el que estamos entrenando y conocerle bien. Algunos ejemplos:

Reforzador del juego


Comida

Por supuesto la comida puede ser una gran reforzadora. Y dentro de la comida tenemos una variedad muy amplia: pienso seco, pienso más blandito, latas de comida húmeda, pavo, jamón york, salchichas, chuches para perros, queso… Lo que debemos tener en mente siempre es que no debemos darle al perro nada que pueda hacerle daño. Si bien es cierto que las chucherías y las salchichas por ejemplo, no son el alimento ideal, tendremos que evaluar la cantidad de comida que vamos a usar para cada sesión y ello nos limitará el tiempo invertido en el entrenamiento. ¿Y cuál es la cantidad de comida perfecta para un entrenamiento? La mínima que te permita mantener al perro atento y activo para lo que le pides o enseñas. Sería ridículo premiar al perro con un puñado de bolitas de pienso cada vez que se sienta… El perro quedaría saciado rápidamente y dejaría de tener interés en el refuerzo.
Juego

Por supuesto el juego está dentro de los reforzadores más fuertes, por norma general. Y el juego puede ser a su aire o con las personas, lo que también hay que tener en cuenta. Por supuesto puede ser con otros perros, perro eso lo meto dentro de la socialización, en otro punto. Puede ser que el perro sea feliz con una pelota mordisqueándola o corriendo con ella de un lado para otro, que esté deseando que tú se la tires o ambas cosas.
Caricias o mimos

Para muchos perros recibir una caricia o atenciones es más que suficiente para ser reforzados. ¿Siempre? No, claro, igual que pasa con cualquier otro reforzador, hay que conocer al perro para saber cuándo y bajo qué circunstancias usarlo, y por supuesto las zonas en las que el perro siente placer al acariciarle y no molestia. No es lo mismo premiar con caricias al perro cuando le hemos pedido que suba al sofá, y por hacerlo le regalamos todo tipo de carantoñas, que enseñar un ejercicio con alta complejidad y que después de hacerlo a la perfección le demos un mar de palmadias. ¿Pero, puede valer? ¡Por supuesto! Siempre estamos hablando de que las preferencias del perro son las que mandan, y en cada caso hay que regular la intensidad y la forma de refozar la conducta que queremos.
Consecución de la tarea bien hecha

Hay perros que se automotivan al saber que la tarea que se les ha pedido hacer es la que han hecho correctamente, y precisamente llevarla a buen término lo que les refuerza a seguir trabajando con ganas. Así que hacer las cosas bien les produce doble satisfacción y es un refuerzo en sí mismo.
Refuerzo verbal o sonoro

Si hemos trabajado correctamente las señales verbales para trabajar con el perro, en ocasiones un refuerzo verbal puede ser muy motivador, sobretodo para darle las pautas de comportamiento en ejercicios encadenados donde el perro debe realizar varias conductas sin refuerzo intermedio, más allá de un simple ¡Bien! o ¡Muy bien! (o el uso del clicker o silvato, así como algún otro sonido). Aquí entran en juego los reforzadores primarios y secundarios, de los que hablaré en otra ocasión.
Refuerzos del entorno

El mismo entorno nos da cantidad de refuerzos de los que podemos aprovecharnos para un buen entrenamiento. Como apuntaba más arriba, salir a correr a campo abierto puede ser un gran reforzador, pero también olfatear, socializarse con otros perros, zambullirse en un lago, restregarse contra la hierba, etc.

Así que el mundo del entrenamiento con reforzadores es muy amplio y muy versátil. Tu perro, ¿tiene algún otro reforzador que no haya mencionado? ¿Cuál es?

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